La Dirección de Diversidad e Inclusión Social —representada oficialmente por Nidia Yunuen Rosales Avila— no estuvo presente; acudió Kendra Zusette Domínguez Ramírez en su lugar y cursó la invitación. El conversatorio dejó lecciones claras: calendario, protocolos y responsables siguen pendientes.

El conversatorio “Visibilidades Múltiples” comenzó 40 minutos tarde, con 6 días de anticipación y en horario laboral. El CEART tenía accesos y señalética para personas con discapacidad; no había banderas ni símbolos LGBT+. En el panel estaban Ivy Lucya Luna QuevedoDulce Guadalupe Luna Quevedo y Mariana Raquel; dos de ellas bisexuales y una heterosexual, todas con discapacidad visual salvo una.

Kendra y panelistas conversan y se acomodan para una fotografía al cierre del conversatorio.
Organizándose para la foto final. El evento contó con accesos y señalética, pero sin símbolos de representación LGBT+.

Lo que se dijo no suele aparecer en los informes oficiales. Las panelistas explicaron que la orientación sexual y la discapacidad no son compartimentos; se viven entrelazadas.

Hablaron de bifobia y de la invisibilización que borra a la bisexualidad según “el género de tu pareja del momento”. También contaron la infantilización que enfrentan: profesionales de salud que ni preguntan por su vida sexual; peatones que asumen que “deberían ir acompañadas”. Todo eso lastima antes de cualquier política pública.

“La bisexualidad no desaparece según el género de tu pareja.”

Pregunté por la ciudad real, esa que se cruza con bastón y oído. La respuesta fue concreta: no hay semáforos audibles, faltan guías táctiles para caminar recto en el cruce, hay cables tensores a la altura del rostrotoldos bajoshoyos y banquetas ocupadas por comercio. “Cruzar la calle es peligroso”, me dijeron. No es metáfora: es una lista de riesgos.

“Cruzar la calle es peligroso sin guías táctiles ni semáforos audibles.”

Panelistas sostienen diplomas en el escenario junto a funcionarios públicos.
Entrega de reconocimientos a las panelistas. No se anunciaron compromisos, responsables ni próximos pasos.

La sala estaba compuesta casi en su totalidad por funcionariado. Aunque las preguntas fueron “libres”, solo preguntamos DIF Rosarito y yo. No hubo networking ni compromisos; se habló de “más difusión” y de que “pronto habrá actividades”, pero no existe un calendario. Para cerrar, se invitó a ver una película; decisión poco sensible considerando que dos panelistas tienen discapacidad visual.

No escribo esto para desacreditar a Kendra ni a la Dirección. Agradezco el gesto y el contacto. Precisamente por eso urgen procesos: la accesibilidad física sin representación ni corresponsabilidad se queda en símbolo; y la representación sin fechas, responsables y presupuesto no transforma la vida cotidiana.

Fachada del edificio con rampa para silla de ruedas y señalética visible.
Acceso con rampa en la entrada del recinto. La representación visual LGBT+ estuvo ausente.

Qué necesitamos ahora (pedidos claros):

  1. Calendario trimestral de actividades LGBT+ con ≥14 días de anticipación.
  2. Mesa técnica mensual con actas públicas (accesibilidad, salud sexual, cultura y seguridad).
  3. Protocolos visibles en eventos: intérprete LSM bajo demanda, consentimiento de imagen, baños incluyentes, señalética y guías táctiles donde sea pertinente.
  4. Corredores peatonales piloto con guías táctiles, control de toldos/cables, tapas seguras y despeje de banquetas (CEART–paradas–centro).
  5. Capacitación a personal de salud y cultura en interseccionalidad, no-infantilización y atención sin sesgos.

No pedimos favores: pedimos calendario, protocolos y responsables públicos. Cuando existan, los difundiremos tal cual; cuando falten, también lo diremos con la misma claridad. La representación empieza por el cumplimiento verificable. Rosarito merece políticas que se puedan auditar, no promesas que se aplauden y se olvidan.

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